El motivo por el que soy borde

Hay gente que dice que soy borde. Que hay que ver con eso de no contestar dudas.

Uno, tras entrar en la Mentoría, me dijo sentirse tonto con tanta advertencia de que no doy soporte sobre cosas básicas.

No lo dije yo, lo dijo él.

Eso a lo que algunos llaman ser borde es un favor que te hago, parte de la formación. Me explicaré…

Han creado a tu alrededor un mundo para tontos, con mensajes que te avisan de que no bebas pintura.

Yo no, yo te enseño cómo es la vida y creo que si el cuerpo te pide beber pintura nadie debería impedírtelo. Y he ahí mi punto. Si no sabes recuperar una contraseña, ¿cómo esperas sobrevivir en la jungla?

O si no sabes pulsar un enlace. O darle al play. O usar otro navegador si con el de siempre no te funciona.

Si no sabes hacer esas funciones básicas, sinceramente, ¿qué favor te hago dándote instrucciones personalmente? Contestando, letra a letra, algo que en el fondo es un eufemismo de que uses la puta cabeza.

Considero, que si hiciera eso, te estaría estafando.

¿Crees que también voy a estar a tu lado el día que un cliente te insulte? ¿O cuando no te pague?

¿El día que otro te maree? ¿O te falte al respeto haciéndote mirar al techo durante media hora en la sala de espera?

¿Y el día que un psicópata exija tu pleitesía, y peor, se la des?

¿Cuando eso te pase, vas a mirar a tu derecha, luego a tu izquierda, buscándome, para que te diga que tienes que levantarte e ir a por el siguiente?

¿O piensas que te susurraré que pidas el cierre de una puta vez? Y que te estés quieto, que dejes de mover la pierna y moverte en la silla, que calles esa puta risa de fondo, y que no permitas que te mareen con objeciones estúpidas.

¿Crees que seré yo el que levante por ti el teléfono 15 veces durante la próxima hora? ¿O el que te animará a hacerlo?

Mira, si leer un mensaje, seguir unas instrucciones de tres pasos o pulsar un enlace se te hace bola… déjalo.

No compres mi formación. Ni la de nadie. Como mucho una de esas academias de oposiciones.

Los que buscan vender más y no compensar el abrazo que no les dieron de pequeños, a veces, me preguntan mucho que por dónde empezar.

¿Mi respuesta? Depende. Ahí te cuento de qué depende: