Veo últimamente a gente, famosos y famosetes entre ellos, quejándose de los que hablan de pasta.
Que si ya vale con fulano, que si ya vale con mengano. Que la pasta no es tan importante y no hay que hablar tanto de ella.
Eso dicen o dejan entender pero como imaginas, lo que piensan es muy distinto. La gente que dice esas cosas ama el dinero tanto como le da miedo.
Puro miedo, y te lo voy a demostrar con un ejemplo muy sencillo:
Los coches. Ni me parecen lo más importante ni creo que haya que estar todo el día hablando de ellos. ¿Y sabes qué más me pasa con los coches? Me traen si cuidado. Ni los veo, ni los comento y mucho menos los critico.
Misma historia con el maquillaje, el vino o la rumba catalana.
Toneladas de contenido creado cada día y como si nada.
Ahora, si la rumba catalana me apasionara pero no tuviera la fuerza de voluntad para ensayarla, y la gente bailara rumba catalana todo el tiempo y lo hicieran mucho mejor que yo, lo mismo ahí empezaba a decir que ya vale de hablar de rumba catalana todo el puto día.
Eso, y no otra cosa, es lo que le pasa a la gente que critica a los que hablan de dinero.
Y a los que dicen que es de mala educación. Y que hay que desconectar. Y que no lo es todo. Y que bla-bla-bla.
Sus pobres cerebros de maíz no se dan cuenta de que, precisamente, quien se interesa por el dinero, en lo que realidad está interesado es por la libertad para disfrutar de todo lo demás.
Tengo un curso, se titula 27 preguntas que todo vendedor debería saber.
- ¿Qué hago cuando el cliente me dice que se lo tiene que pensar? Te lo digo qué hacer para que no vuelva a ocurrir.
- ¿Qué hago cuando el cliente me dice sí pero que no empezamos hasta cierta fecha? Minuto 21.
- ¿Qué respondo cuando el cliente me dice que «se ha decantado por otra opción»? Algo que no olvidarás jamás, te lo cuento a los 34 min.
…
Y así hasta 27.
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