Este artículo es continuación de un email que envié en el pasado.
Entre la gente que me respondió estaba Jesús Parrado, de luxdesignworks-com, que me dijo lo siguiente:
Pues yo estoy encantado con llamar.
Las 40 reglas de la venta.
No he pasado de la regla 1 de tu lista de 40.
Cada vez llamo más.
Con cada llamada perfecciono mi rutina.
Tengo ya preparado el correo a puerta fría.
Es como ir al gym.
Y el día que no llamo me jode, lo que pasa es que al menos hago una acción de marketing al día, la que sea, minúscula, una.
Y la gente quiere hablar.
La mayoría es amable.
La mayoría coge el teléfono.
La mayoría te contesta lo que le preguntas y alguna cosa más.
Y entonces cuando te pones a escribir, tienes otro combustible en la cabeza, más octanos.
Por cierto, gracias y feliz fin de semana.
Bien. Ya está. ¿Qué más quieres que el testimonio de un tío que llama todos los días y te dice que…
– La gente quiere hablar
– La mayoría es amable
– La mayoría te contesta lo que le preguntas y alguna cosa más
Pero claro, este Jesús es un sivergüenza, estarás pensando.
Pues mira, por lo que dice, sí que debe serlo, y los sinvergüenzas lo tienen muy fácil en la vida, pero quizás tú no lo seas.
Aun así supongo que tienes las mismas ganas de oxǝs y ganar dinero que los que sí sinvergüenzas.
Entonces, ¿qué puedes hacer?
Pues cumplir con la ley de los 2 segundos.
Antes de salir de casa te mentalizas de que hoy ligas. Una vez en la calle tienes 2 segundos.
¿2 segundos para qué?
Pues 2 segundos para decirle algo a la primera persona atractiva con la que te cruzas.
Ver, y actuar. Sin excusas. Sin guion. Sin pensar.
¿Y si hago el ridículo? Lo harás, que te quede claro.
2 segundos.
¿Y si va acompañada de un amigo/a? → También.
¿Y si va hablando por el móvil? → También.
¿Y si va a paso ligero? → ¿Acaso eres cojo? También.
Y si en lugar de un ser romántico eres un materialista que has leído hasta aquí por la pasta, cuando llegues a la oficina vas y llamas.
Sin visita al baño. Sin chácharas. Sin cafeses. Vas al teléfono y llamas.
Y te compras un reloj de arena. De 10 o 15 minutos. El mío tiene la arena azul y me lo regaló un suscriptor del newsletter. Tú también puedes regalarme cosas.
Y cuando empieces a llamar le das la vuelta.
Prohibido dejar de llamar hasta que acabe. Quizás odias llamar, pero con esto puede cualquiera, hasta que toda la arena haya caído.
Y si viene tu jefe a decirte algo, no paras.
Y si ves a un compañero con la cabeza en llamas, tampoco paras.
Y si miras por la venta y ves a los alienígenas de V invadiendo la tierra, te esperas a acabar la llamada y luego, haces otra.
Para cuando el reloj haya acabado, estarás tan enchufado que no podrás dejarlo durante las próximas horas.
Anda, hazme un favor y envíale este artículo a tu amigo empresario/emprendedor/de ventas/de marketing y dile que mongemalo.com le interesa y le conviene así como a ti también te conviene apuntarte al newsletter: