XXXX, el combustible del éxito.

Recibo el siguiente email. Resumo:

Odio. Rabia, enfado, frustración.

¿Cómo puedo dejar de ser adicta a esos sentimientos?

No imaginas la cantidad de tiempo que pierdo cada día simplemente odiando. Estando enfadada.

Cuando veo gente siendo tan… idiota o gilipollas se queda corto.

Hay seres humanos que no son funcionales. Son carcasas y pretenden ser personas pero solo son sombras torpes.

¿Cómo estar rodeada de gilipollas y que no te importe?

En ese mensaje muchos verán a alguien intolerante. Yo veo a alguien exitoso.

Es más, si vives en paz con el mundo, lo siento por ti.

Si la impaciencia y la rabia no corre por tus venas, lo siento por ti.

El día que acabes con ese sentimiento estás muerta.

El enfado, la frustración, y también la impaciencia, son combustible. Solo tienes que saber ponerlos en el motor adecuado.

Cuando suena el despertador no me apetece levantarme, no tengo ningún incentivo. Entonces pienso que seguro que me ha escrito algún retrasado diciendo cosas de retrasado y tengo que corregirle.

Pero no contestándole, ese sería el lugar incorrecto en el que poner combustible, sino trabajando como un cabrón. Haciendo algo que me dé más notoriedad.

Con la siguiente tontería escribo el email diario.

Luego leo las noticias y me pongo a hacer flexiones.

Y así hasta el último minuto que estoy despierto.

Y cuando echo la vista atrás una semana, un mes, un año, me doy cuenta de los kilómetros de distancia que me he separado de todos esos idiotas.

Y pienso… es en insuficiente. La humillación todavía puede ser mayor.

De eso hablaré en la próxima lección.

Del éxito y del fracaso.

De por qué unos lo obtienen cada vez que lo intentan y otros mueren hablando de mala suerte.

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