Unos no entenderán este mensaje, a la mayoría no les interesa entenderlo.

No sé si eres consciente.

De hecho, estoy casi seguro de que no.

Consciente de que ninguno de tus derechos es tuyo. De que son concesiones que otros, unos pocos hombres te hacen, y que no tienes capacidad para ganarte ni defender uno solo de ellos.

De que tus libertades, cada una de las cosas que se te permiten hacer, se los debes a un puñado de fulanos, a los individuos más fuertes de la sociedad.

Y de que salvo que seas uno de ellos, salvo que te encuentres en el excepcional caso de ser uno de ellos, estás de prestado.

De que no tienes forma de hacer valer su libertad si no te lo permiten.

Un equilibrio de fuerzas. Eso es lo que es. Un círculo sostenido por unos pocos dentro del que el resto bailan con cara de bobalicón.

Fuerza, poder e inteligencia.

Materialmente imposible. Hablo de pintar algo si no tienes esos atributos. Simplemente imposible.

Capacidad de obtener recursos, de acumularlos y de gestionarlos.

Con autoridad, con liderazgo, con diligencia.

Con profesionalidad.

Muy pocos los individuos con esa capacidad.

El resto pueden llorar, quejarse, pueden odiar, envidiar y pedir; pueden estar en contra de estas palabras e imaginar un mundo de mujeres con pene y hombres embarazados, pero todo, todo se lo deberán a esos pocos.

La diferencia entre vivir de prestado, con el permiso de los demás, o estar aquí de propio derecho.

Entre ser un mandado o llevar la batuta.

Entre cazarte la cena o estar esperando a que acaben los demás para recoger las migajas mezcladas con mugre.

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