Imagina que estás perdido en una selva.
Imagina que sabes que existe un tesoro y no tienes el mapa.
Imagina que estás secuestrado, tienes una oportunidad de huir pero no sabes dónde está la salida.
¿Qué harías?
Te lo digo yo: echar a andar.
Echar a andar.
Echar a andar.
¿Y si después de un rato no encontrarás tu destino?
También te lo digo: seguir andando.
Y nunca te plantearías parar, porque la situación anterior es peor y tienes la certeza de que existe una situación mejor.
Mucho mejor.
Muchísimo mejor.
Infinitamente mejor.
Lo sabes porque otros la tienen.
Y no te fijarías en los que están peor, los encadenados o moribundos. No, te fijarías en los que viven en condiciones de confort y libertad, en esos pensarías.
Porque sabes que existen, porque los has conocido, porque tú mismo quizás has estado allí… seguirías andando.
Seguirías andando o morirías intentándolo.
Porque la recompensa es tan grande, y no te cuesta imaginarlo, que ni siquiera sopesarías otra opción.
Y sabes que abandonar solo significaría una cosa: que aceptas la muerte.
Estoy bien como estoy. No me puedo quejar. Mejor me quedo así.
Frases que no aparecerían en tu cabeza, porque en una situación así no existiría el riesgo.
El riesgo, el único riesgo que verías, sería quedarse como estás. Privado de libertad o comida o el confort que tenías y consideras que te mereces.
Tendrías tan interiorizado que el riesgo de seguir andando es tan tan tan, pero tan pequeño en comparación con el beneficio de encontrar la salida o el tesoro o comida, que ni siquiera se te ocurriría que alguien pudiese considerarlo riesgo.
Pero insisto, todo esto sería así únicamente porque conoces, o puedes imaginar con una alta precisión cómo es la vida en el destino. Si nunca hubieras conocido esto, y en lugar de verte en esa indeseable situación de manera forzada hubieras nacido en ella, y eso es todo lo que conocieras, y hubieran pasado la vida mostrándote imágenes de gente que está igual o peor…
Si eso fuera así, lo más probable, lo más fácil, es que nunca intentaras cambiarlo. Quizás te dirías que sí, quizás harías un tímido intento, darías tres pasos y volverías, pero lo más seguro es que nunca te alejaras suficiente, subieras suficiente, te ensuciaras lo suficiente, sudaras suficiente…
Cada día envío un email para vender más. Día que estás fuera, email que te pierdes.
No apto para conformistas: