Un señor en redes sociales dice que desvirtúo. Que generalizo. Que simplifico.
Me imagino a este señor con manchas en la calva y una verruga enorme sujeta por un mínimo punto de contacto. Una de esas verrugas que no puedes dejar de admirar mientras el tipo habla y que te hace preguntarte si ya estaba ahí cuando tenía pelo o salió después.
Esta lección es gratis:
Si no vas a desvirtuar. Generalizar. Simplificar.
Caricaturizar.
Hiperbolizar.
Y también normalizar.
No me escribas.
Si me vas a contar lo que has desayunado, el nombre del colegio al que fuiste y me vas a aclarar que lo que me cuentas es tu opinión, métete a notario. Pero no escribas emails.
Ni emails ni nada que pretenda ser leído.
Lo que te decía, notario.
Si te leo quiero que me agites, que me sacudas, que me jodas. Quiero irme pensando o con una sonrisa. Y que años más tarde recuerde una frase y mil ideas.
Y como bonus: jamás practiques la ironía si pretendes explicarla.
Todo eso lo que te enseño en el newsletter. A penetrar ojos y orejas y a triturar masas encefálicas.
Y darte su sucio dinero de vez en cuando, claro.
Porque sin eso no se puede financiar la fiesta, obviamente.
Apúntate aquí ya mismo y te digo cómo: