Tengo una noticia buena y otra mala

Noticias buenas y noticias malas.

Te cuento un experimento conducido por el profesor Thomas Gilvich, de la Universidad de Cornell.

Este señor invitó a un montón de alumnos.

Cuando los tenía reunidos les dijo que se dirigieran a un aula. También les dijo que una vez llegaran al aula, alguien les daría instrucciones para empezar a trabajar en un proyecto.

Se trataba de una de esas aulas con forma de anfiteatro en las que la puerta de acceso está abajo y todo el mundo ve quién entra.

A unos pocos alumnos los entretuvo y les pidió que se pusieran una camiseta llamativa antes de entrar.

La idea era recrear una situación vergonzosa. Esos alumnos llegarían tarde y llamando la atención.

Cuando acabó la clase se reunió con los alumnos de la camiseta hortera, les preguntó cómo se sentían y que estimaran cuántos de sus compañeros recordarían su entrada triunfal.

En promedio, estimaron que un 50 % les recordaría.

¿Cuántos dirías tú?.

La realidad fue que sólo un 10 % recordaron el incidente.

Siento ser yo quien te lo diga, pero tu vida es un rollo y no le interesa ni a tu familia. Y eso, por un lado, es genial.

Por ejemplo, ya puedes decirle a tu cerebro que deje de recordarte esa situación ridícula que protagonizaste hace 15 años. Que no te quepa duda, eres el único que se sigue acordando.

Pero esto también tiene problema.

Y es que vas a tener que decir las cosas 40, 400 o 4000 veces para que te hagan caso. Lo sé porque yo también he tenido clientes que me han dicho…

Pero ya no me pasa.

En solo dos años he pasado de que me hagan menos caso que a Cervantes en un concurso de pulsos a que me obedecen como kamikazes. Y no lo digo yo, esto es lo que me escribió Teresa Rico Llorca, Directora de Comunicación de Cromomedia:

«Estoy aplicando, casi de modo kamikaze tus consejos de venta y es alucinante!!! He conseguido reuniones que había intentado una y otra vez sin éxito. ¡Me contestan a los mails!»

Una de las cosas que más me han ayudado a conseguirlo es hacer lo contrario a 5 consejos habituales que dan todos los gurús del marketing y que según ellos son imprescindibles para triunfar pero que en realidad son el motivo por el que mucha gente se queda estancada profesionalmente.

Cinco.

Ni cuatro ni seis. Cinco.

Uno, dos, tres, cuatro y cinco.

Cinco malos vicios que nos han contado hasta la saciedad y que repetimos como loros pero que solo sirven para que tus clientes te discutan cada decisión y te hagan preguntas impertinentes para sentir que están por encima de ti.

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