Los pepinos grandes son heteropatriarcales

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Entiendo que sientas temor

Solemos asociar

tamaño con dolor.

—Caramelos de Cianuro

Supongo que has visto esos programas de empeños en los que gente pretende vender montones de mierda a precio de tinta de impresora.

También están los que hasta que no llega un tasador no se dan cuenta de que eso con lo que llevan calzando la mesa de ping-pong del sótano durante tres generaciones es un grabado de Picasso.

Recuerdo a la señora que tenía unas porcelanas de Dalí con restregones de grasa colgadas encima de los fogones.

Cuando el experto se lo dijo no se quedó muy convencida. Es decir, agarró el dinero y salió corriendo, pero su cara era como de Muy espabilado no debes ser si me das esta pasta por un plato deforme con dos rayujos azules.

Puedes estar seguro de que esa misma señora jamás hubiera vendido la escena con perros de caza que tenía colgada sobre su sofá tapizado con pana roja burdeos.

En el último año he ganado mucha pasta en redes sociales. No me importaría decir cuánto, pero ya llevó suficiente tiempo en internet como para saber lo nerviosita que se pone la gente cuando se habla de dinero, así que no lo haré.

Cuando se me ocurrió la teoría del pepino grande el pepino se me puso bastante grande. Sabía que iba a funcionar y que le podía funcionar a cualquiera.

Resulta que no. A cualquiera, no.

– Uno dice que es demasiado simple

– Otra, que somos machistas

– Un fulano no entiende cómo el post ha tenido tanto éxito cuando la técnica no funciona 🧐

Cuando recibí esos comentarios lo primero que me dije fue: no pasa nada, ya sabías que eras sunorma1, mañana será otro día.

Luego se me pasó por la cabeza mirar la repercusión de esas personas en redes. El ano se me deshidrató de lo seco que estaba aquello.

Se me ocurren tres hipótesis para explicar por qué se han sentido así:

La primera es que si todo lo que has visto en tu vida son los pepinillos en vinagre de marca blanca que te ponía tu abuela para merendar mientras tus padres se iban a emborrachar al bar de abajo, el día que te cruzas con un pepino de la huerta murciana no solo no lo reconoces sino que te parece un arma obra del heteropatriarcado para minar tu autoconfianza.

La segunda es que algunos esperaban que les contara en qué parte de los ajustes de LinkedIn se encuentra el botón para activar la turboviralidad, pero obviamente ese es un secreto que me guardo para mí.

La tercera es que nos encontramos ante barrocos del marketing. Un perfil muy conocido por cualquiera que sea un poco observador.

El marketing barroco no persigue el dinero. Ni resultados, eso es lo de menos. El marketing barroco demanda contorsionismo, softisticación, espectacularidad, fuegos artificiales y luces de discoteca.

Y bots.

Y automatismos.

funnels con flechas que desafíen la geometría euclidiana.

Mira. La técnica del pepino grande funciona para vender.

Y lo que te contaré este domingo sirve para vender aún más.

Si prefieres lo fácil a lo difícil, entonces no.

Si no lo pones en práctica, entonces tampoco.

Tampoco incluye la turboviralidad.

Ahora bien.

Si no te acompleja el tamaño de un pepino ni ganar dinero sin sudar sangre, entonces sí, y mucho.

Cuánto exactamente no te puedo decir porque la gente se pone muy nerviosita con los números.

PD: por poner perspectiva; recibimos más de 400 comentarios positivos y 6 críticas. Ocurre que las críticas siempre son mucho más divertidas.

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