Hace tiempo me hablaron de un tipo con mucha pasta que se llevaba bocadillo para comer en el trabajo.
Cada día el tipo retiraba el papel de alumnio con sumo cuidado, lo doblaba prudentemente y se lo llevaba a casa para que al día siguiente, su mujer, que era la que preparaba los bocadillos, pudiera reaprovecharlo.
Dicen que la estupidez es la única enfermedaz que no sufre el paciente sino los que le rodean.
Perdona, la única no.
La mentalidad de pobre también. Además, es peor. Contagia.
Se contagia la visión de escasez. De que esto es un pastel que nos repartimos entre todos.
De que para que uno gane, otro tiene que perder.
Y llegas a creer que una cúpula de hombres del monopoly con monóculo deciden tu destino.
Entonces hablas de «ellos» y articulas frases con un enemigo invisible…
– No nos dejan…
– No quieren que prosperes…
– Te quieren esclavo…
Es el punto de no retorno. Si llegas ahí tu cerebro ha mutado y ya no hay marcha atrás.
Estarás dispuesto a hacer cola para comprar una camiseta fabricada por unos niños en Bangladesh y pensarás que ir a un restaurante es «un plan», por poner dos ejemplos.
Normaliza vivir mal y comerte una hora de tráfico para ir al curro no te llamará la atención.
Normaliza vivir bien y generar los recursos necesarios tampoco te llamará la atención.
Aprende a vender altos volumenes, hazlo durante suficiente tiempo, y acabarás por no entender por qué el resto no lo hacen.
Convierte lo imposible en inevitable, apúntate aquí: