Si no entiendes esté email, estás fuera de juego. Lo siento.

Te voy a contar el cuento más antiguo de la historia de la humanidad

Mario contactó con un cliente potencial.

El cliente potencial mostró interés.

Mario y el cliente potencial se reunieron.

Mario le propuso algo al cliente potencial.

El cliente potencial le dijo que le parecía muy bien.

Mario le envió una propuesta por email.

El cliente potencial le dijo que ya no estaba interesado.

Mario le preguntó por qué.

El cliente le dio una respuesta absurda.

Y al día siguiente el sol volvió a salir por el mismo sitio en un mundo un poco más extraño.

He titulado a este cuento: «El marrón de Mario, un miembro de la mentoría.»

No sé si te suena.

Claro que te suena. Era una pregunta retórica, cabrón.

No te despistes, que se te va a comer la vida.

Mario se quedó con el mismo dinero con el que empezó, unos días menos de vida y algo menos de ilusión por trabajar.

Esto también te suena, pero menos, porque jode reconocerlo en voz alta.

Entonces Mario me contactó.

Me contó la situación, me reenvió la conversación de email y me hizo una pregunta.

Una sola pregunta:

Luis, ¿me debería preocupar?

Supongo que esta pregunta también era retórica, porque le contesté algo que no tenía nada que ver.

El caso de Mario y la respuesta que le di, versión extendida, la di en la Mentoría

Por qué procesos de venta aparentemente perfectos no acaban en cierre: análisis de un caso real.

Dónde la lías, por qué ni siquiera te das cuenta y cómo evitarlo.

Apúntate al newsletter y te cuento más: