Si este post te pone cachondo, es normal.

«Lo vamos a dejar aquí.»

«¿A qué te refieres?»

«A que no vamos a seguir trabajando. No vuelvas a escribirnos y no vuelvas a llamarnos.»

«¿Me estás vacilando?»

«Buenas tardes.»

«¿Pero de qué vas?»

«Buenas tardes.»

«¿Pero quién te has creído que eres?»

«Me parece que no ha quedado claro. No vamos a trabajar más juntos. Buenas-tardes.» Clic.

Cuando mantuve esa conversación mi equipo lo formaban solo cinco personas, mi cuenta estaba pelada y cada cliente suponía la vida o la muerte.

Al acabar me giré, todos estaban mirando:

«Si llama XXX le decís que no podemos ayudarle, y si insiste repetidlo. Las veces que haga falta. Sin gritos, sin enfados, sin una palabra más alta que otra. Pero sin rodeos.»

Aplauso.

Solo existe un motivo para tolerar a clientes irracionales:

Eres un cobarde y un acomplejado pichacorta.

Pero no es tan fácil.

Hay muchas cosas a tener en cuenta y decisiones que tomar a la hora de gestionar a clientes insatisfechos o a clientes problemáticos (que no es lo mismo).

Decisiones que marcan la diferencia entre construir una marca fuerte que cada día atrae a clientes de mayor calidad, y ser un pusilánime que solo trabaja con los clientes que el resto desprecian.

Aprende a tomar buenas decisiones y apúntate aquí: