«Los huecos no existen, los huecos se hacen.» -Marc Márquez
Cada semana recibo miles de emails.
No es una forma de hablar, miles. Eso descontando haters. Hablo de gente que me cuenta cómo le va. Agradeciendo, contando su evolución, compartiendo su éxito.
Hace un par de años creé una etiqueta/carpeta en el correo llamada «Testimonios». Tiene unos 4000.
No es una sacada, me trae sin cuidado lo que creas, solo quiero que veas que la muestra de lo que te cuento a continuación es representativa.
La gente también me cuentan su pasado. Sus miserias, sus fracasos y sus miedos.
El no-me-sale, me-da-miedo, qué-pensarán.
Ayer una suscriptora me dijo que se había dado cuenta de que está rodeada de cobardes.
Comparto tus emails y me dicen que para que leo esto, que para qué sirve…
…tienen miedo a probar, a exponerse, a destacar…
…joder, gracias por abrirme los ojos…
…blablabla…
…por favor, no me menciones en tus emails.
Miedo. Explícito o inconsciente.
Qué sí, que ya, que a por ello, que sales a matar. Y luego…
Todavía no. La web no esta lista. No puedo pedirle eso a mi jefe.
Al final de la reunión no puedo evitarlo y dejo caer un «gracias por tu tiempo…»
…un «gracias por recibirme» al principio y risa de tolai durante.
Creo que La mayoría se sabotean para que unos pocos escogidos por un dios triunfemos. Es la hipótesis que manejo últimamente.
Por si estoy equivocado te diré algo que a mí me sirve bastante:
- 90 % que fracasas
- 95 % que pasarás un mal rato
- 99 % que aprenderás
- 100 % que lo más fuerte que te sentirás después compensará con creces los 30 segundos de mal rato
Créeme o no lo hagas, y no puedo asegurar que la cosa no cambie algún día, pero hoy, ahora, en este momento que tú y yo estamos viviendo…
Es imposible no tirunfar en esta vida.
Tengo un newsletter.
Cada día envío un email con una lección de ventas. Día que estás fuera, lección que te pierdes.
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