Por qué escribo esto desde una suite en la planta 38

Me fascinan los pobres.

Aclararé, porque existen dos tipos de pobres: los crónicos y los temporales.

Me fascinan los crónicos. Gente que va enfadada por la vida. Esos no tienen arreglo, son pobres hoy y lo serán dentro de cien años. 

Lo que me fascina es la enorme seguridad que tienen en sí mismos, es una cosa impresionante:

  • El bitcoin es una estafa
  • Vender no sirve de nada
  • A Fulano lo han ascendido por pelota
  • A la hija de puta de la Juani siempre le dan los mejores leads, ella sabrá lo que hace
  • Elon Musk es un vendehumos
  • Las empresas son unas explotadoras
  • El capitalismo es lo peor

Es que es maravilloso. Los oigo hablar y me quedo embobado.

El aplomo con el que le explican, a gente que sí lo ha conseguido, cómo funciona el mundo.

Son como el panzas que enfundado en un chandal de poliester acude al bernabeú para gritarles a los futbolistas cómo dar patadas.

A más los oigo, más libros de marketing leo, más levanto el teléfono y más bitcoin compro.

Y cuanto mejor me va, más me dicen lo mal que me irá. Y así llevamos quince años.

Atiende.

Tan importante como copiar a quienes ganan pasta es hacer lo contrario a lo que recomiendan quienes no la ganan.

En el newsletter hablo de storytelling. De cómo, con el mismo material, se pueden obtener dos resultados radicalmente opuestos:

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