Se avecina una de las mejores épocas del año. La época por la que el planeta espera el resto del año.
Agosto.
O julio, agosto y mitad de septiembre si eres español.
La época en la disfrutar del esfuerzo de los meses anteriores.
De lucir los resultados el ejercicio y el ayuno intermitente… De disfrutar el dinero ahorrado… Del desconectar el trabajo…
La época de consumir lo acumulado.
De apartar las demás lecturas y empezar una novela negra.
De las cervezas y los rebozados.
De repetir frases como «recargar las pilas», «desconectar» y «calidad de vida» en una tumbona de lona azul con un guiri colorado a derecha y una obesa con mariposas tatuadas en la clavócula a la izquierda mientras te quemas un corroncho de piel en el que fallaste en aplicar protector solar.
Benditos sean.
La época en la que todos duermen. La época en la que avanzar kilómetros sin adversarios a la vista. La época la que unos duermen para que otros ganen.
Benditos sean, digo.
Los flojos.
Los que dicen que en agosto no se vende.
Y hasta que el 15 de septiembre los males de la humanidad vuelvan a ser culpa de los ricos…
Hasta entonces…
Descansa, cachorro, descansa.
Te lo has ganado.
Yo seguiré aquí.
Escribiendo, vendiendo y haciendo flexiones.
Más que nunca, que con el gimnasio vacío se trabaja mejor.
Cada día envío una lección de ventas.
Hoy explicaré cómo cerrar tratos con esos clientes que dicen:
- «Me lo tengo que pensar»
- «No es el momento»
- «Lo vemos más adelante»
Solo para quien se apunte hoy. El resto se lo pierden para siempre.
Te apuntas abajo: