Nunca te fíes de una rubia (la mejor técnica para ligar que he visto)

Andaba con tres rubias en un garito.

Una me la bebía y otra se la bebía una rubia de piernas largas.

Y en esto se acercó un colega que también tenía ganas de rubia, y no me refiero a la que me estaba bebiendo.

¿Y que pasó? Que me alegré.

– No hay competencia, pensé.
– Me deja bien, creí.
 Esta batalla se gana sola, aseveré.

El tipo y su rostro difícil se inclinaron sobre la rubia y le preguntaron:

¿Sabes bailar?

– ¿Eso es lo mejor que tienes?, musité.
– Podemos estar tranquilos, confirmé.

, dijo la rubia.

-Meh, bostecé.

¿Me enseñas?, dijo el tipo de cara difícil.

-Hijo de la gran puta, exclamé.

No sabía si darle una patada o una ovación.

Te seré sincero, aquello me gustó tanto que casi soy yo el que abandona a la rubia y huye agarrado del brazo con el aspirante a bailarín.

Pasó a parecerme guapo y todo.

Hijo de puta y guapo.

Pero hijo de puta sobre todo.

Así que me quedé con la rubia. Y demostrando gran clase la rubia decicidió quedarse conmigo. Gran clase y poco criterio.

Estuve por montarle un powerpoint con las razones por las que se equivocaba.

Pero no te preocupes, la historia acabó bien. Un rato después la rubia me estaba dando una bofetada, corrigiendo con ello sus malas decisiones pasadas.

Lo que envío en el newsletter provocará una reacción muy parecida en todo el que la escuche.

Entre hijo de puta y ovación.

Eso es así porque cuando te apuntes, verás que hablaré de seducción.

Hablaré de las únicas dos personalidades que cautivan y te darás cuenta de que se ha cumplido con todo el mundo que te ha gustado en tu vida.

Amigos, socios, compañeros, empleados, vendedores, clientes o parejas, eso da igual.

Condicionará tu forma de ser durante el resto de tu vida y aún a riesgo de sonar soberbio, diré que la mejorará.

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