Cuando leas esto, yo estaré…

Tiempo, tiempo, tiempo...

Son las 1:01 en el momento en el que escribo estas líneas.

En 5 horas me estaré despertando. Estoy en mitad de Polonia y a las 6 tengo pensado empezar a conducir hasta llegar a Munich. 941 kilómetros.

¿Por qué te cuento mi vida?

Para que entiendas que tengo buenos motivos para no escribir este post. A punto he estado.

Pero entonces me he acordado del email que hace unas semanas me envió una suscriptora, Tania Moreno.

Llevaba un año en ERTE resignada a esperar a volver a un trabajo que no me motivaba.

Comencé a seguirte y a las semanas me animé: escribí un correo con errores, sin asunto, con PD y directamente al CEO de una empresa por LinkedIn proponiéndole una reunión personal.

A la media hora me llamaron, a las 4 horas hice una entrevista. En 24 h estaba trabajando en mi nuevo puesto.

Tiempo empleado en buscar trabajo (buscando información sobre las personas a las que contactaba): 2 horas.

Respuestas: 2/4.

Mira. Hay dos formas de hacer las cosas.

Hacerlas muy bien… o hacer muchas.

Y de esas dos formas, la que menos nos gusta da mucho más dinero que la otra. Te propongo algo.

¿Sabes esa cosa que siempre quieres hacer pero que nunca acabas de tachar de tu lista de tareas pendientes?

Hazla. Pero con unas reglas:

Mata al espectador y ponte un límite de tiempo artificial. Cuando haya pasado, se acabó. Esa cosa que querías hacer, sea lo que sea, está lista para ver la luz.

Si me haces caso, te garantizo algo.

Y es que cuando dentro de un año te avergonzarás de ello y te preguntarás cómo pudiste hacer semejante mierda. Es eso o que dentro de un año no tengas nada de lo que arrepentirte. ¿Qué prefieres?

Además, no seas idiota. Es mucho mejor hacer el ridículo a tu edad que a tu edad + 1. Eso sería de pardillos.



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