Pretendía convencer a una conocida cadena de cines de que vendieran sus entradas con entradium (empresa de la que soy co-fundador).
Hablé con el director general y él me derivó al «responsable de ticketing». Perfecto.
Primera conversación, dos horas. Enamorado. Justo lo que buscaban.
Segunda conversación, dos horas y media.
Tercera conversación, parecido, pero volvimos a hablar de lo mismo.
Durante varios MESES siguieron otras conversaciones larguísimas, pero no conseguía compromisos por la otra parte.
Cansado de dar vueltas volví a llamar al director general.
—«Soy Luis Monge, de entradium.»
—«Perdona, ahora no caigo… ¿quién?»
3 segundos que me dijeron todo lo que necesitaba saber.
Había asumido que los intereses de mi interlocutor y de su empresa eran los mismos, pero el tipo con el que llevaba meses hablando estaba rellenando su jornada laboral y problablemente, además, era un puesto fusible.
Un chivo expiatorio si las cosas van mal.
Él solo pretendía conservar su puesto de trabajo, nunca se le pasó por la cabeza contratarnos.
Ya resulto pesado pero… ¿sabías eso de que nunca tienes que hablar con no-decisores? ¿que no-decisor es alguien que puede decir que no pero que nunca puede decir que sí (por atractivo que nos suene su puesto de trabajo)?
Espera, espera. Que ya me lo sé.
En tu sector «los procesos de venta duran meses y eso es inevitable», o mejor, «es prácticamente imposible llegar al decisor». También conozco la de «son empresas grandes y se mueven lento.»
Vale, vale…
Por si quieres superar esas excusitas, con José Aguilar, nos metemos en el cerebro de las organizaciones, porque solo así podremos mejorar y acelerar nuestro proceso de venta.
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