El otro día me curcé con un apartamento en el centro de Londres. 45 millones de libras. Había otro de 60.
Solo pensé una cosa.
¿Quién cojones se lo monta tan rematadamente mal como para ganar la cantidad de pasta que te permite comprar una vivienda así y tener que hacerlo en el puto Londres?
En serio, ¿dónde te has equivocado en la vida?
Los ingresos son vanidad, el beneficio cordura, pero el efectivo el rey.
Pero no todo el dinero vale lo mismo, no fastidies.
Poco se habla del estrés y las servidumbres para ganarlo.
El dinero que ganas no vale lo mismo si ha sido buscando monedas dentro de caquitas de rata a oscuras durante 20 horas al día que si ha sido desde una playa tomando cerveza.
Londres.
¿Qué será lo próximo?
¿Andorra?
Ese dinero no es igual, no-me-jodas.
No es lo mismo.
Ganarlo en Londres que en Zahara de los Atunes, en Bali o en Bagkok.
No es lo mismo, te ponga como te pongas.
Y te voy a decir el motivo por el que eso ocurre.
Porque si no eres capaz de entrar en la conversación mental de tu cliente tienes que vender por fuerza bruta.
Necesitas volumen para compensar la falta de conexión.
Es así de simple. Quizás pienses que es más complejo, pero no lo es.
En el newsletter explico un proceso para generar ideas creativas que conectan con la conversación mental de tu cliente.
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