No soy yo, eres tú.
Créeme, poca gente vive mejor que yo.
Permíteme una pausa: este post te va a joder. Si eeres delicadito te recomiendo que dejes de leer.
Te decía que poca gente vive mejor que yo y que me creas.
- Si quiero madrugar madrugo, si no, no.
- Si quiero apagar el móvil durante días, lo hago.
- Si quiero dejarlo todo para darme una sauna, también.
Y así con todo.
Tengo alguna reunión cada semana de las que no me puedo escapar, eso no te lo voy a negar, pero eso es todo.
Y aún así, como te decía al principio, no soy yo, eres tú. Tú o la mayoría, ya me entiendes. Que no hace lo que tiene que hacer.
Si el mundo hiciera lo que hay que hacer yo tendría que esforzarme mucho más. Es más, casi se lo agradecería. El mundo es tan flojo que me mata la ambición.
No es esfuerzo, no es inteligencia, no es talento, ni tampoco habilidad. No es ni siquiera fuerza, trabajo físico, ni echarle horas. Estamos en un punto de la humanidad en el que no es, ni siquiera, nada de eso.
Es, simplemente, hacer lo que hay que hacer.
Es valentía y ni siquiera. Es no-cobardía, eso es.
Llegados a este punto mi consejo es claro:
Si da miedo es casi garantía de que deberías hacerlo, de que funciona y de que es rentable.
¿Garantía total? No, pero casi.
Esta cobardía la he visto muy de cerca recientemente.
La semana pasada analicé decenas de webs, leí cientos de correos y observe con lupa unos cuantos modelos de negocio.
Y todos, sin excepción, tenían un problema de cobardía.
Las cosas que decían y cómo las decían transmitían inseguridad. ¿Y sabes lo que dicen los clientes que perciben inseguridad?, te lo digo:
- «Me lo tengo que pensar.»
- «Tengo que mirarlo con mi socio.»
- «Por ahora no.»
¿Te suena? Pues ya sabes.
Te apuntas aquí: