No te voy a mentir, me va bien.
Muy bien incluso.
Y desde esa posición me permito darte un consejo: no lleves neverita a la playa.
Ni de plástico duro ni de corcho.
Hazme caso en eso. Por tu propio bien. Y si eres de los que se lleva la barbacoa, ya puedes darte de baja porque has cruzado un punto de no retorno.
Y ya puestos, que no te quepa duda de que si das tu email a cambio de un euro de descuento, andas de más por ir al mercadona o haces cola en un Zara, estás tomando malas decisiones en tu vida.
¿Te das cuenta de que si juntas la energía que pones en hacerte carnets de socio y aprenderte nombres de futbolistas podrías conseguir lo que te propongas?
Lo-que-te-puto-propongas.
Podría mentirte, pero para qué. Soy torpe con las ventas. Me ha llevado años dándo vueltas, probando y perdiendo. He hecho cosas que me han llevado mucho esfuerzo y no han servido para nada, y tonterías insultantemente lucrativas. Y viceversa, lógicamente.
Pero nada de eso es relevante.
Si he aprendido a ganar la indecente cantidad que gano ha sido haciendo lo que (casi) nadie quería hacer y, sobre todo, no haciendo lo que la mayoría pasan el día haciendo.
Quédate con eso. Y también con eso:
Y no te confundas, no es que dejar de comer melón caliente en la playa te vaya a llevar al éxito. Es convertir en algo natural el no dedicar energía a cosas que no aportan valor. Es insertar esa mentalidad en tu ADN lo que provoca el cambio en todo lo demás.
Ahora atiende fuerte:
- Cada día envío un email con una lección de ventas. De ventas y de vida.
- Día que estás fuera, email que te pierdes para siempre.
Te apuntas aquí: