Me tienes hasta las pelotas, hasta las pelotas me tienes.
Eso es cierto con al menos la mitad de los que lean este post.
Eventos y donaciones, inversiones o colaboraciones, paseos por la playa y una orgía. Esas son algunas de las peticiones recibidas en mi bandeja de entrada la última semana.
Hasta las pelotas estoy. No de las peticiones, de la prosa. Y de los acertijos y el ingenio.
De las palabrotas, los párrafos de una línea y de las frases de una palabra.
De ver más de 100 palabras juntas.
Atiende:
«Cuidado con Borges, Kafka, Proust. Cuidado con esas prosas. Se pegan a tus palabras como lapas. Esa gente no escribía así: era así.»
Eso lo dijo Aberlado Castillo, un sabio.
Atiende más:
Si quieres decir algo, dilo tú. No Isra, no Pepe, no yo. Tú.
Sé como tú eres y dilo como tú lo dirías. Y si como tú lo dirías es un tostón, escribe un telegrama.
Al menos molestarás menos y gustarás más.
Y mientras, busca tu voz. Sin prisa, que todo llega.
Este email no funciona por sus frases, sino porque si estuviera delante de tu cara te lo escupiría igual.