Me ofrecen 1 millón de euros y digo que no

Conoces a los haters pero no suelo hablar de los locos. A partir de cierto volumen su presencia se nota.

Recibo esto:

Un amigo quiere vender un edificio por 1.1M €. Necesita a alguien que sepa vender para cerrar la operación.

Ya tiene a dos candidatos a quien presentar la oferta. Dos tíos con pasta de verdad.

Sería una fantástica ocasión para que tú, con tus grandes dotes aceptases este reto y demuestres lo que vales. O te vas a cargar con alguna excusa?

Yo te pondré en contacto con él. Por su puesto te llevarías la suculenta comisión.

Espero que, por lo menos, me respondas.

Quizás pienses que ante semejante bazar de alertas rojas debería haber pasado, pero un sexto sentido desarrollado a lo largo de años me decía que había petróleo. Un día después respondí esto:

Tienes el producto y tienes el cliente. ¿Para qué me necesitas?

A los 18 minutos:

Yo no, mi amigo. Aquí quien sabe vender eres tú.

Te rajas?

Ya está, estaba claro. Esperar despejaría cualquier duda. Dos días después…

Eres una cagona, un bluf. Has hecho un negocio de engañar a la gente. Hablas de tu éxito invisible. Solo lo puedes ver tú.

Ya sabía que ibas a cagarte con mi propuesta. Y vas de campeón. De marchito de verborrea fácil pillando a desesperados que no saben a qué agarrarse para ganar algo de dinero.

Y ya.

Cuando tengas dudas, calla. Espera calmado y la ansiedad hará el resto.

La técnica se llama «Deja que el rarito que hable.»