El post anterior decía que la marca personal había muerto.
A continuación explicaba que en menos tiempo del que imaginas empezar por crear una marca personal será la única forma razonable de hacer algo provechoso.
Lo hice así pensando en los fracasados voluntarios que solo leen el asunto.
Me ha gustado tanto la idea que a partir de ahora usaré los asuntos para decir lo contrario a lo que digo o pienso.
Para que los hombres débiles y socialistas que no saben ni leer en diagonal se me acerquen por la calle para darme sus condolencias, me envíen consejos de cómo remontar y cuchicheen de mí en eventos de marketing.
Se me ocurren pocas cosas más maravillosas.
No conducir un deportivo de un color ridículo ni vestir un reloj que brilla como el bracalete de una viuda del barrio Salamanca, como parece que recetan a todos los diagnosticados con déficit de testosterona, son otras dos.
Es el antipostureo.
El estado que se alcanza cuando todo está orden. Cuando conoces la piezas tan bien que si todo se derrumbara volverías a construirlo desde cero sin una gota de sudor.
En el newsletter hablo de esas piezas, aunque los detalles de lo que vaya a hablar son lo de menos, porque de lo que hablaré, de lo que hablo siempre, es de cómo vivir mejor.
De cómo vivir tan jodidamente bien que te ves obligado a hacer creer a gente que pasa el día haciendo powerpoints y tablas dinámicas que te va como el puto culo.
Si te gusta esa idea, este es el lugar. Si eres más de estar al otro lado, también está bien.
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