En marzo una suscriptora me dijo esto (resumo):
Hola Luis, soy XXX.
Recibo tus newsletters porque me gusta aprender.
Soy profe de universidad en XXX. De las que tienen la vida resuelta…
Te dirás: “Hija mía, ¿para qué lees, entonces, a alguien que enseña a vender?”. Eso mismo me pregunto yo…
Vida resuelta y funcionario en la misma frase. Está claro que tenemos distintos conceptos de lo que significa tener la vida resuelta.
O teníamos. Ayer recibí este mensaje de la misma persona (resumo):
Hola Luis,
Soy XXX, y soy funcionaria… quiero dar el salto a la libertad financiera, manteniendo mi trabajo.
Veo que tu mentoría se enfoca a empresas y vendedores, colectivos a los que no pertenezco…
Ya estoy con la plataforma, introducción y los cursos bonus, y mañana te escucho en mentoría…
8 meses han transcurrido entre el primer y el segundo mensaje.
8 meses productivos.
8 meses en los que hemos pasado de pensar que lo que alimenta el alma es la seguridad a darnos cuenta de que es la libertad.
Ya queda menos.
Solo falta corregir dos cositas, pero todo llegará:
- Que la seguridad te destruye.
- Que el único colectivo al que pertenecen los vendedores es al de la especie humana, porque vender no es opcional. Lo único que es opcional es hacerlo bien o hacerlo mal. Liderar o aceptar libremente la sumisión permanente.
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