Llámame raro si quieres, pero vender así me pone mogollón.

Preguntaron recientemente a Warren Buffet y a su socio, Charlie Munger, que qué opinaba del estilo de Elon Musk.

«Que somos modelos totalmente opuestos. Nosotros buscamos la forma más fácil de hacer dinero y él parece que solo persigue hacer lo imposible.»

Y añadieron…

«No querríamos competir contra él porque no querríamos recibir una paliza tan grande.»

Puedes decir lo que quieras de Buffet y Munger pero son de los pocos que pese a haberlo conseguido dicen que están en esto por el dinero y que su objetivo, con 92 años el uno y 99 el otro, es ganar más.

Nadie me repulsa más que el millonario que dice que el dinero nunca le importó.

¿Y para qué quieres tanto dinero a esa edad y habiendo ganado ya tanto?

Vamos, no me jodas.

Dominar el juego. Eso es lo que es.

Ganar en la competición con más contrincantes del mundo y hacerlo con una mano atada a la espalda.

Te diré algo, así que atiende.

Si el dinero no te importa, es difícil que te llegue.

Si te importa y se nota, más difícil aún.

Si te importa y olerlo provoca en tus ojos el brillo de quien monta en avión por primera vez con 40 años, entonces es absolutamente imposible.

Y te diré algo más.

Me he juntado con mogollón de gente con mogollón de pasta.

Gente que la persigue, gente que la adora, gente que, a veces, en una operación consigue más de lo que la mayoría conseguirán en una vida.

Gente que trata todo eso con la mayor normalidad del mundo.

Gente que, justamente por ser así, lo atrae.

Te cuento esto porque me he cansado de ver cómo vendedores que usan técnicas teóricamente correctas, fallan por culpa de la actitud de debilidad y pobreza que transmiten en su tonos y en sus formas.

De la forma correcta de pensar para que las ventas y el dinero fluyan de manera natural.

Para que el cliente vea delante suyo a un líder al que confiarle su sucio dinero sin miramientos: