- ¿Alcanzar la mayoría de edad? HECHO.
- ¿Un par de años de experiencia? HECHO.
- ¿Dinero en el banco para sobrevivir un mes, incluso algo más? HECHO.
- ¿Demostrarte que puedes convencer a alguien de algo? HECHO.
- ¿Una colchón donde caer por las noches? HECHO.
¿Sí o no?
Entonces… pregunto.
Pregunto, ¿eh? Yo solo pregunto. Sin ánimo de ofender ni de molestar, solo pregunto…
¿A qué coño esperas?
Pregunto.
¿O a quién?
¿A qué coño o a quién estás esperando para comerte el mundo?
¿No me estarás esperando a mí, a que te dé el visto bueno para salir a jugar con los mayores? ¿O a que te dé una patada en culo? ¿O a un ojeador de gente con derecho a ganar?
No, en serio, dímelo. Dime qué más necesitas para doblar tus resultados. Para mejorar tu vida, para incrementar tu poder.
¿Te lo digo yo?
Yo lo sé, pero no sé si decírtelo, que lo mismo me lloras.
Viendo como te estás tomando este post lo mismo te provoco una trombosis.
Bueno, te lo diré, que lo mismo te sirve. Pero si estás temblando deja de leer ya, por favor te lo pido.
Lo que te falta es…
Lo que te falta para comerte el mundo pese a que ya tienes todo lo que dijiste que necesitabas para comerte el mundo…
Y todo lo que tienen los que se lo comen…
Lo que te falta es…
Es…
Conocimiento.
Y acción.
Conocimiento y acción.
Tienes el hardware pero no el software.
Es así, siempre es así. Contigo, comigo y con el Dalai Lama.
La diferencia entre unos y otros, una inmensa mayoría diría yo, por algún motivo que no alcanzo a comprender, se niegan a instalar el software.
Bien con excusas de incredulidad («Qué sabrás tú, que tus padres eran toreros…»)
Bien con excusas de tiempo («No es el momento que me he dejado la plancha encendida, mejor cuando me jubile…»)
Conocimiento.
Conocimiento como el que transmito en el newsletter.
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