La diferencia entre tú y yo

Acabo de ir a la nevera a por un delicioso batido de proteínas que ayude a mantener mis hercúleos músculos y solo quedaba uno.

¿Qué hubieras hecho tú? Es decir, suponiendo que tuvieras esta masa muscular. Te lo digo, decir, «Uf, el último, me lo guardo para mañana.»

¿Que he hecho hoy? Me lo he bebido más rápido de lo normal.

Y lo mismo haría con los últimos calzoncillos limpios después de vagar una semana por el Sáhara. Ponermelos en cuanto me apeteciera.

Nada de racionar, nada de posponer.

El último trozo de chocolate, la última prenda limpia, el último euro, la última raya de batería.

Prenderle fuego, y rápidito.

Es algo que llevo a cada aspecto de mi vida, a cada decisión.

Cada reunión, cada llamada. Cada respuesta a cada email y cada «no».

Llamar al amigo no ves desde hace siglos o visitar a mi abuela.

Por eso este año haré siete veces más cosas que la mayoría, y llegaré siete veces más lejos. Porque mientras el resto sopesan cada decisión durante una semana yo actúo al momento.

Y cada compra, cada gasto y cada inversión. O rechazo para siempre o compro inmediatamente.

Las buenas noticias es que estás a tiempo de corregir esa vida a cámara lenta que llevas, que parece vives dentro de una foto finish.

Cada día envío un email con un consejo para vender más y mejor.

Cada maldito día.

Día que estás fuera, email que te pierdes para siempre.

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