La diferencia entre el rey y los generales.
Atiende, que esto te interesa. Esto le interesa a cualquiera.
Recientemente he hecho dos procesos de selección para dos puestos directivos. Puestos de responsabilidad y (muy) alta remuneración.
(No te tomes esto a mal, pero no me escribas para pedirme que te tenga en cuenta. Yo no selecciono a los candidatos, me vienen dados y son personas que tienen que contar con experiencia en ciertos sectores.)
Continúo.
Un puesto era para CEO, otro para director de expansión.
Candidatos de similar edad y trayectoria. ¿Y sabes cuál es la diferencia?
¿La diferencia entre los que aspiran a un gran salario y los que aspiran a la mitad de un gran salario? ¿Entre los que se postulan para decidir el destino de una empresa y los que lo hacen para seguir la senda marcada por otro?
Que unos candidatos hablan y luego preguntan.
Y los otros preguntan y luego hablan.
Halbar y luego preguntar. O preguntar y luego hablar.
Esa es una, hay otra.
Unos se remangan, agarran el cuchillo con la boca, se adentran en la jungla y vuelven con la presa debajo del brazo, y otros hacen un powerpoint y tres hojas de cálculo con un plan pormenorizado a cinco años.
Te dejo a ti que pienses quién es quién. Qué candidatos a qué puestos hacen lo uno, y cuáles lo otro.
En el newsletter enseño cómo convertir a un cliente potencial en cliente real y apostol de marca en 20 minutos.
Pim, pam, pum. Tal cual. Llega y compra. Me da igual que tu proceso de venta dure tres años. Llega y compra, te digo.
Sé que piensas que exagero. También sé otra cosa.
Que cuando la oigas dirás, «Qué cabrón, cómo no se me había ocurrido antes.»
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