Me llaman vendehumos. Novedad.
Un día, la mayor empresa de transporte de Europa me preguntó si estaba dispuesto a enseñarles a vender de la misma forma en la que les había vendido un proyecto.
Al poco fue la segunda mayor compañía de telefonía estadounidense. Y luego una de las principales consultoras del mundo.
La cosa no paró. Y aquí estamos. Saludos.
Según los haters debería haberles dicho que no, que prestarles el servicio que me pedían a cambio de su dinero es de vendehumos.
¿Por qué?
Piénsalo, ¿por qué?
La respuesta te enseñará más de la mente humana que un doctorado en psicología.
Imagina que en lugar de impartir yo la formación hubiera contratado a un fulano.
Y luego a otro, y a otro.
Imagina que monto un gran equipo. 116 empleados para dar formación en ventas.
Y le pongo un nombre rimbombante. Nada de marca personal. Dos apellidos ingleses inventados. Macaulay & Culkin, por ejemplo.
Oficinas con moqueta hasta en el forro de los cojones de los empleados, trajes de algodón recio y corbatas con dibujitos de pollitas pequeñitas.
Bajas, calendarios de vacaciones, portátiles de plastiquete, una señorita Rottenmeier en recursos humanos y un señor con déficit de testosterona que cuando toca pagar a proveedores les llama y les dice que se ha roto el programa de contabilidad.
Ahí todo perfecto. Se acabó el vendehumos.
Entonces, ¿qué es lo que jode?
¿Que un fulano facture más que cualquier empresa de formación con decenas de empleados?
Casi, pero no.
Tampoco es envidia. No solo.
El problema es conseguir algo que en su cabeza de almendra no cabe que sea posible.
Un locurón.
Vivir de puta madre sin recibir latigazos.
Es envidia, pero es, sobre todo, incomprensión.
Tal es la tendencia del fulano medio a complicarse la vida que ver a otro hacerlo al revés ofende.
Tanto jode la libertad de los demás.
Más efectivo insultar. Mejor descartar sin probar que estudiar que descubrir que llevas toda la vida equivocado.
Eso sería insoportable.
Especialmente cuando se carece de la fuerza de voluntad para cambiar.
En el newsletter te cuento algo muy íntimo.
En el newsletter te cuento una de las piezas más importantes de mi sistema.
En el newsletter te cuento mi método para resolver problemas, para encontrar soluciones.
Son tres pasos.
El primero, el segundo y el tercero.
Aplícalo y solucionarás lo que se te ponga por delante.
Obviamente resulta difícil de creer.
Soy un vendehumos, ya sabes.
Seguro que exagero.
Mucho mejor vivir con millones de detalles que te insatisfacen que leer 5 minutos al día.
Andevaparar.
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