Infalible detector de idiotas

Hace algún tiempo me reuní con una empresa que quería comprar. Hablamos de varios millones.

Dijeron que ni hablar, que valían mucho más. Petabillones, exabillones, gazillones.

Y que además lo iban a petar.

Después de años, con la idea que tenían ahora, la última, no la penúltima ni la antepenúltima, con la última, lo iban a petar.

A punto de petarlo. Palabras literales.

Total, que no llevaba suficiente suelto en el bolsillo para ideas petadoras y no hubo adquisición.

Han pasado 5 o 6 meses.

Hoy están a la venta. Ellos solos se han puesto en el escaparate con una etiqueta colgada del cuello.

Bien, vale, bueno.

He conocido a unos cuantos empresarios a lo largo de mi vida. Y emprendedores que nunca llegaron a empresarios.

Y empresarios con tan poca voacación que podrían llamarse funcionarios en el banquillo.

Y si incluímos a emprendedores enternos, gente capaz de pasar una década diciendo que ya arrancan, ya lo flipas.

Con cuántos habré comido, o charlado, o intercambiado impresiones en un evento. Varias decenas de miles, te lo aseguro.

Y solo los hay de dos tipos, te lo aseguro también. Por más vueltas que le doy únicamente encuentro a los que se quejan y los que celebran.

Y me cago en la puta, es que no existe mayor identificador de idiotas, es matemático.

Quien celebra acaba quebrando, quien anda quejándose, ese sí lo está petando.

Las redes sociales son un reflejo de eso.

Millones de seguidores suelen coincidir con tarjetas rechazadas en la cola del supermercado. No existir en ese mundo, sinónimo de estar follándose al mundo.

Ese suele ser el caso.

Suele.

En el newsletter te cuento cómo las estoy usando yo.

La estrategia con la que en tres meses he conseguido más de 50.000 seguidores entre varias redes dedicando un tiempo ridículo.

Y también explicaré cómo voy a capitalizar todo eso como un auténtico hijo de la gran puta de una manera totalmente diferente a cómo hacen prácticamente todos los demás.

Creo que copiarme puede ser una buena estrategia:

Aquí: