Me ha escrito una antigua amiga, diremos que se llama Lucía.
La conocí en la universidad, cuando ambos teníamos 18. Estudiaba enfermería.
Ha visto alguna entrevista por ahí, con gente comentando enfurecida llamándome de todo y me ha escrito para darme la enhorabuena.
Me ha dicho que sabía que me iría bien, que nunca lo dudó.
Lucía me molaba mucho, sobre todo su personalidad y porque tenía unas tetas desproporcionadas para su tamaño.
En una ocasión me dio una foto suya con una dedicatoria por detrás.
Todo fluía pero no pasó nada. Era una de esas chicas que llevaba media vida con el mismo novio, un tipo mayor.
Otra vez, estaba yo apoyado en una pared de la biblioteca, ella llegó, se acercó mucho y a un centímetro me preguntó que si iba a hacer algo de una puta vez.
Entre lo del novio y que yo estudiaba ingeniería supuse que no estaba leyendo correctament la situación y le contesté alguna estupidez como que sí, que me iba a poner a estudiar ya o alguna mierda a esa altura. No lo recuerdo muy bien pero seguramente también me cagué encima y balbuceé.
Me ha contado que dejó al novio nada más acabar la uni.
Le he preguntado si cuando nos conocimos yo era gilipollas: Hey, Lucía, una pregunta, cuando nos conocimos… era idiota, ¿verdad?
«Efectivamente, eras bastante idiota.»
Imagina tener un cliente delante que quiere tirarte tu sucio dinero a la cara y tú sigues hablando.
Bien, vale, bueno.
Bien, no, mal, pero bueno.
Las cosas son como son y hay que aceptarlas como vienen.
En el newsletter te cuento algo que me hubiera gustado saber hace 20 años.
En cuanto hayas hecho las cuentas de la edad que tengo puedes continuar leyendo.
Bien.
En el newsletter hablo de las únicas DOS personalidades que enamoran, y te darás cuenta de que esta historia que te acabo de contar también es la historia de tu vida.
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