Extraño aprendizaje tras 3 meses de mentoría

No sé si celebrar o romper a llorar.

Tenía más que asumidas las excusas con las que la gente evita enfrentarse a la realidad.

A su pánico escénico. A su espectador en la sombra.

La más divertida se llama perfeccionismo.

Falta de tiempo lidera el ranking.

«No soy así» y «No encaja con mi personalidad» le siguen de cerca.

Los más valientes reconocen que no se atreven, que están bloqueados. Estos saben que están jodidos.

Es decir, que ya han recorrido el 90 % del camino.

Aquí viene la movida.

La movida se llama «relación con el dinero».

Resulta que la gente, mucha gente, muchísima, tiene una «relación con el dinero.»

Una relación tóxica además.

No te hablo de pocos. No te hablo de decenas. Te digo que en tres meses he recibido cientos, posiblemente más de mil, correos que incluían esa expresión que es nueva para mí.

Relación. Con. El. Dinero.

Una relación de reproches y culpabilidad.

Evitan ganarlo o si lo ganan lo despilfarran.

La libertad les bloquea y destacar les aterra.

¿Un lunes tomando cervezas al sol mientras manadas de zapatos apretaos escalan plantas en ascensor? Amago de infarto.

¿Levantarse y tener que decidir qué hacer? Mejor me amputo un dedo.

¿Rechazar clientes, renunciar a un trabajo, llevarle la contraria a un cliente, decir que no al jefe?

Elijo la muerte.

Una vendedora me contaba que es incapaz de evitar las palabras «¿Qué tal?» al llamar a un cliente.

Otro, que en su empresa felicitar las fiestas es ley.

Entiendo que creas que exagero.

No exagero.

«Relación con el dinero.»

Si lo tuyo con el dinero lo consideras una relación.

Hostias, amigo.

Hostias.

Aterrador. O maravilloso.

Todavía no lo tengo claro.

Salir de matrix es posible.

Y por lo visto es jodidamente fácil.

Con no someterse al a la esclavitud voluntaria parece ser suficiente.

Y para acabar, una frase:

Si crees que el precio de ganar es demasiado alto, espera a que el arrepentimiento te mande su factura.

Cada día envío un email con un consejo de ventas.

Ahí explico TRES FORMAS para que los clientes se decidan antes.

No incluye felicitar las fiestas, preguntar «¿qué tal?», ni hacerse amigo.

Si tienes una «relación con el dinero» no te va a gustar ni un pelo.

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