Estupideces que hace la gente (y le condenan a la pobreza)

El secreto por el que siempre gano

Esta mañana, dos minutos después de levantarme he escrito a un amigo que está emprendiendo:

«Recuerda que es imposible no triunfar en esta vida.»

Ha respondido:

«Alguna excepción habrá.»

Y yo:

«Si no eres un flojo, quiero decir.»

Y eso excluye al ¿95 %? de la gente. Seamos prudentes, dejemoslo en el 95.

Y es que he perdido la cuenta…

  • He perdido la cuenta de la gente a la que le he oído decir que los empresarios son gilipollas
  • De los que prometieron escribir un email al día y lo dejaron antes de un año. O dos, o cinco.
  • De los que alguna vez dijeron «el más rico del cementario» para sentirse mejor con su situación
  • De los dispuestos a dedicar unos minutos a escribirme para insultarme antes que dedicar unos segundos a buscarme
  • De los emails avisando de vacaciones

He perdido todas esas cuentas.

  • Y las de libros sin escribir y empresas sin constituir
  • De los «para eso me quedo como estoy»
  • De los que preguntan qué harías si te tocara la lotería
  • Y de los que contestan que lo que sea con tal de no tener estrés
  • De los opositores, los que llaman a un puesto de trabajo «mi plaza», de los que se creen que conseguirla requiere mucho esfuerzo y que tocarse los cojones es la recompensa por lo anterior
  • De los amigos del estado
  • De los que defienden los impuestos porque se saben incapaces de algún día tener que pagarlos
  • De los del «lo importante es participar» y «con llegar me doy por satisfecho»
  • De los del miedo a ofender y los que se hunden con los haters

En definitiva, he perdido la cuenta de los que no han entendido que la vida es el mejor videojuego jamás creado y la victoria su recompensa.

Ahora dime que triunfar depende de tener contactos.

O de ser más listo.

O dime que depende de saber una técnica de ventas más que el resto.

Ahora, dime, si tienes huevos, que triunfar depende de cualquier otra cosa que no sea cómo gestionas tu cabeza.

En el newsletter te cuento el secreto por el que siempre gano.

Por qué, antes de empezar, ya he ganado al resto.

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