Seamos serios, seamos adultos.
No me vengas con que tu vida es diferente, que tu caso es único. No me vengas con lo de trabajar para vivir o vivir para trabajar. No me vengas con que no eres vendedor o con que el dinero no es para tanto.
Pregúntale al cocinero por vocación, si le gusta más comer o cocinar.
Pregúntale al artesano, si prefiere sentarse en la silla o construirla.
Pregúntale al tío de éxito si lo hace para comprarse un yate.
El resultado está bien. El camino está mejor. Saberse capaz de recorrerlo es orgásmico.
Saber que tienes las pelotas para salir ahí fuera y que la incertidumbre no te congele.
Eso es lo que te da saber vender de la manera correcta.
Entonces, ¿quieres ser de los que lo ha intentado o de los que no?
Eso es todo lo que quiero preguntarte hoy.
No si quieres más dinero, o ser más libre, o blablabla. Eso son migajas. En 10 años, en 5, cuando estés a punto de morir y ya, hoy mismo, cuando pasees por la calle. ¿A que grupo quieres pertenecer? ¿Al de los que lo han intentado o de los que no?
Entiendo si eliges lo segundo y entiendo si lo justificas con cuentos de parvulario que solo te convencen a ti, pero entonces, tssss. Chitón, ¿vale?
En la Mentoría destripo a Tony Robbins. El tío que lo ha conseguido todo a través de su marca personal.
Una vez le ves te das cuenta de que nada es casualidad.
¿Lo mejor de todo? La poca gente que se ha fijado en los detalles, en el por qué de los pequeños matices.
Perdona si me emociono. Es demasiado bonito. Me refiero al hecho de que la mayoría pasen la vida pensando que es cuestión de suerte.
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