Te cuento una breve historia de la subnormalidad humana a lo largo de los últimos 15 años:
- El SEO (un preocupado cliente me preguntó si los textos en color verde son reconocibles por los buscadores)
- Las redes sociales (floristerías con 32 perfiles en redes, tuenti incluido)
- Las app móviles (si tu retraso era profundo lo llamabas «plataforma de movilidad»)
- Foursquare y la geolocalización (y descuentos de 1 € por cagar en el Starbucks)
- La transformación digital (nadie supo nunca muy bien qué era eso)
- Los códigos QR (enlaces a cosas)
- Internet of Things (encender los aspersores con el móvil)
- Cloud computing (donde se fabrican los sueños)
- El big data (datos gordos)
- Los chatbots (y que a ser posible emitan un pitido irritante cada vez que entras en un sitio web)
- El blockchain (el equivalente de usar una caja fuerte para guardar un yogur caducado)
- Los NFT (ya sabes cómo acabó eso)
Y la inteligencia artificial.
¿Aportará algo? Seguro. ¿Te hará millonario si estás dentro y te arruinará si te quedas fuera? Contesta tu mismo.
Decía el gran copywriter Eugene Schwartz que ni todo el oro del mundo puede cambiar los hábitos de la gente.
Internet, el smartphone, amazon, el bitcoin o tiktok. Ahí tienes algunas revoluciones reales. Y ninguna vino anunciada con bombo y platillo.
Si quieres entender cómo cambian los hábitos de la gente debes entender la psicología de la gente.
Llámame soberbio, llámame gilipollas, pero considero que si algo entiendo bien es la psicología de la gente, y te puedo asegurar que se está fraguando un cambio que marcará la próxima década.
Las marcas y las personas que se adelanten a él lo tendrán muy fácil. Las que no, desaparecerán. Como tuenti o forsquare.
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Al final, es lo mismo: