Espabila que se te come la vida

Existe un fenómeno psicológico conocido como la «creencia en un mundo justo». Las personas necesitan creer que el mundo es justo, lo necesitamos para salir y para mandar a él a nuestros hijos. Pensar que el mundo no es justo desorienta y deprime.

Lo dice Pablo Malo Ocejo en Los peligros de la moralidad. Estoy releyendo, ya me perdonarás.

Ariel Rot es más pragmático:

En los últimos cien metros todo se decide

Hay quien piensa que el que la hace la paga

Y el que mal empieza siempre mal acaba

Hay quien destroza por completo esa teoría

Y es un cabrón con suerte hasta el último día

Quién merece lo que recibe?

En los últimos cien metros… no lo olvides

Entonces, la vida es una pelea, y dispones de distintas armas para luchar:

  • Lo listo que tu madre te decía que eras
  • La gran experiencia que tienes
  • Todo lo que has estudiado
  • Lo mucho que te esfuerzas

También puedes aludir a la pena, a un amigo en común, o a que una vez pisaste su ciudad.

A que eres barato. O puntual.

Esas son algunas de las armas, diría que las más habituales.

Puedes usarlas en entrevistas de trabajo, antes clientes o para intentar ligar.

También puedes hacer algo que le importe una mierda a alguien.

Entiéndeme, todo lo anterior está bien si no te importa pasar la vida memorizando el precio que tiene el caldo de pollo en cada supermercado de tu barrio.

Otra opción es injertarte en el cerebro de tu receptor y decir y hacer exactamente lo que quiere ver y oír.

Cuesta lo mismo (yo diría que menos) y la vida resulta bastante más interesante.

Cada día envío un email con un consejo de ventas.

Ahí cuento tres estrategias para que tu cliente se decida antes.

Para acabar con los «lo miro y te digo algo» y «lo comento con mi socio», los «me lo tengo que pensar» y los «hablamos pasadas las fiestas».

Te apuntas aquí: