Espabila amigo, que se te pasa la vida

Nada me motiva más que los idiotas.

Los vagos, los lentos, los incompetentes, los pesados, los cansinos. Los que no entienden nada y los que preguntan estupideces.

No digo que me gusten, ojo, no te confundas que te confundes. La gente con cerebro de purpurina espera encontrar motivación en lo que le gusta, y es justo al revés. La motivación vive en la repugnancia, porque salvo si eres un flojo socialista marxista leninista, lo que quieres es huir de lo que te disgusta.

Los idiotas son combustible para trabajar duro para huír de ellos.

Y ya que estamos, la cantidad de café que tomas es directamente proporcional a lo conformista que eres.

Ouch. Demasiada verdad en una frase.

Porque cuando no eres un conformista pensionista no hace falta café para que el culo te arda por la mañana.

Busca esa sensación desde que el dedo gordo de tu pie derecho roza el suelo cada mañana.

Y busca anormales. Los anormales son una maldita bendición. Si no tienes las tragaderas de un político o un funcionario, quiero decir.

En mis 15 años vendiendo he conocido a algunos vendedores buenos y a una horda de malos.

De los malos, a algunos que se han hecho buenos y a una horda que ni lo han conseguido ni se les espera.

Vendedores, directores de ventas y empresarios. Algunos de ellos que escuchan, algunos que incluso entienden. Pero con una maquinaria interior incompatible con el éxito.

Que siempre oyen pero nunca hacen lo que hay que hacer de la forma en la que hay que hacerlo.

En el newsletter hablo de eso.

De nada valdrá preguntar, de nada valdrá querer entender, de nada servirán las excusas y el «cómo aplico esto a mi caso.»

Es fácil, si aplicas lo que ahí te cuento acabarás llegando a donde ahora crees imposible. Si no lo haces, seguirás pasando los días esperando el finde, las semanas esperando el próximo puente, los años esperando la jubilación.

Tendrás una vida normal, con unos resultados normales y unas relaciones normales.

Y si al leer esa última frases piensas que eso no te suena tan mal, que eso está bien para ti y que no necesitas más, estás en lo correcto y no deberías apuntarte.

Pero sobre todo, lo que seguro no deberías hacer, es escribirme para contármelo.

Solo reciben quienes se apunten aquí abajo: