Cuando Eduardo Chillida iba a la fundición a explicarles a los operarios la próxima obra que iban a hacer puedes imaginarte lo que pasaba.
No sabemos hacer eso, nunca hemos hecho algo parecido, eso no se puede hacer…
Entonces, Eudardo, aprovechando toda la escoria que había por el suelo, dibujaba una línea con el pie y se ponía detrás.
Entonces, cada vez, repetía las mismas palabras:
Precisamente por eso estoy aquí.
Si supiéramos hacer lo que os pido mi presencia no tendría sentido.
Esa línea que véis en el suelo es lugar hasta donde ahora hemos llegado todos nosotros, y he venido aquí para que la crucemos juntos.
Eso me lo contó el otro día Mikel Chillida, nieto del escultor, como parte de una visita mega VIP al museo y caserío donde su abuelo concebía y exponía su obra.
Esa es una forma de gestionar objeciones.
Está bien si tienes el talento de uno de los mayores genios del arte.
Si no lo tienes te interesa leer lo que te cuento ahí: