Me escribe una señora y me dice:
Gracias. Gracias. Gracias.
Tu newsletter me está sirviendo para elaborar un informe que quiero enviarle a mis suscriptores con ejemplos de todo lo que no funciona en marketing.
Le dije que esperaba que al hacerlo tuviera la honestidad de decirle a su suegra y al pescatero que nunca preguntó por los resultados de dicho marketing.
Me contestó que los resultados le dan igual, que qué hay de las emociones. Del marketing emocional. Que esa era la clave.
Curioso que digas eso de unos emails que te hacen lloran.
Ahora yo te pregunto: ¿Por qué no eres millonario?
En serio, en un mundo con personajes así, haber nacido en el primer mundo y no ser trillonario es poco más o menos lo mismo que ser tonto del bote.
Me gusta hablar de casos este tanto como dar buenos consejos porque pone las cosas en perspectiva.
Hace una idea del nivel de competencia. Del esfuerzo necesario para ganar. De lo bajo que es, quiero decir.
Y demuestra que, en el fondo, el éxito = fundamentos + acción.
Haz bien los fundamentos, mueve el culo y lo tienes.
En el newsletter explico algo que cada marca, empresa o vendedor debería hacer antes de abrir la boca.
Cómo asentar una autoridad indestructible desde la primera interacción con el cliente.
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