En este post insulto fuerte a mucha gente

Que no, de verdad, mujer, que no.

Que decir que la mayoría de los hombres están solos no es misoginia, es una desgracia.

Y que el 5 % de los hombres, 10 % si me apuras, se repercuten al 80–90 % de las mujeres, tampoco. Es algo que puedes observar haciendo el simple ejercicio de sacar la cabeza de tu culo.

Y que un hombre te mande a tomar por saco cuando dices una gilipollez no es condescendencia (mansplaining en flautés común), es que has dicho una gilipollez, y mientras eso te produzca ganas de llorar no puedes quejarte de no ser respetada por los hombres.

Y ya que estamos, confundir sexo con sexista tiene diagnóstico, se llama cerebro secuestrado y se cura leyendo filosofía y pensando en silencio.

Psst, psst… hombre, no te vayas, que también traigo algo para ti.

Si en el 90 % de los sitios a los que vas huele a mierda toca mirarse la suela.

Que algo sea triste no significa que sea culpa de otro.

¿El 5 % de hombres de ahí arriba? No son los guapos, ni los altos, ni los fuertes, ni los ricos.

Son los pocos con las ganas de observar a una mujer y las pelotas de reconocer que no tenían ni puta idea.

Quienes llegan a entender que la admiración no está en el cuerpo fuerte, la fama o el dinero, sino en el esfuerzo para conseguirlo.

Y si no te habías dado cuenta es que eres rematadamente egoísta.

¿O no te habías dado cuenta de que la misma cicatriz que destruye la cara de una mujer decora la del hombre?

Que no es tan difícil, joder.

Ahora atiende.

Que esto último que te voy a decir ni siquiera es cosa de mujeres:

Es imposible respetar al tío que pasa el día jugando a la play.

Al espaldas débiles, al charlatán, al presumido, al quejica, al que apunta bajo y juega seguro, al que se queda en el pueblo, al que no se mueve, al que no arriesga.

Y especialmente, al que no fracasa. Al cara compacta, al sincicatrices.

La valentía de arriesgarlo todo por avanzar un metro. Eso es deseo en vena y no unas cejas acotadas con escuadra y cartabón, pedazo de gelatina con fémures.

Y mirad, mira, que me toca ya las pelota el tema.

Los hombres están de acuerdo cuando hablo de hombres, y las mujeres en contra.

Las mujeres están de acuerdo cuando hablo de mujeres, y los hombres en contra.

Lo he dicho en el pasado y lo repito: haz lo que quieras con esta información. Créeme o no lo hagas, pero no me lo cuentes.

Y escucha.

Me puedes llamar analfabeto o vendehumos o soberbio o lo que quieras, pero vender vendo un rato y eso es así porque entiendo hasta el último jodido detalle la mentalidad de la gente.

De la gente, no de ti, no te confundas. De la gente. De la gente con dinero, de la gente que compra.

Si no entienes eso, estás jodido.

Puedes utilizar lo que digo o puedes fijarte en cualquier otra cosa y valorar mis mensajes desde otro punto de vista, pero en ese caso no tiene ningún sentido que te engañes: no eres un buen vendedor, no te gusta el dinero y no tienes ningún interés en tenerlo.

Lo que te gusta, lo de verdad amas y adoras es tener la razón.

Y no pasa nada, está perfecto. Especialmente para los que sí nos gusta. Porque así aplastaremos tu cabecita de nuez utilizando únicamente pulgar e índice.

Y si esta información te incomoda, no te inquietes, es el aire fresco entrando en la burbuja de plexiglas en la que llevas media vida masturbándote mientras te convences de que nada es culpa tuya.

Pues ya estaría.

Como cada día, envío una nueva lección de ventas, sí, en el newsletter.

Una lección que abre el craneo de la gente a la que le tienes que vender. La incisión es tan grande que podrás entrar por el puto lóblo frontal sin quitarte los zapatos.

Que te guste o no me trae sin cuidado. Si la aplicas venderás más, si no, pues no.

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