Si tienes hijos, cuando te pidan algo, no digas que no podéis permitíroslo o que no hay dinero.
Si te respetas, tampoco te lo digas a ti mismo.
Si hablas así tus hijos creerán (y tú también) que el dinero es escaso, limitado, que se reparte y te toca o no te toca.
Que un señor con monóculo lo reparte a unos pocos, y que como no nazcas en la familia adecuada no hay marcha atrás.
Y luego pasaran el resto de su vida asumiendo una posición en una jerarquía económica.
La que les ha tocado, que puede acceder a X pero no a Y. Simplemente no se puede y es absurdo luchar contra eso porque el esfuerzo no sirve para nada, la meritocracia es un cuento y la prosperidad no existe.
Dirán cosas como que el mundo es precario.
Uf.
Otra alternativa es comprarlo y mostrarles la abundancia. Todo es cuestión de pedir un crédito.
Entonces crearás adultos sin responsabilidad financiera. De los que financian unas vacaciones, o la compra de un móvil.
De los que encuentran placer en cosas tan extrañas como exhibir un logo en la camiseta o ir restaurantes de los que salen en las revistas.
Mejor que todo eso diles que eso que quieren comprar es algo para lo que hay que trabajar, que es un objetivo.
Involúcralos en la planificación para llegar a él.
Lo que esto va a provocar es que entiendan la vida como lo que es. Un juego, una competición en la que se debe planear una estrategia que te permita llegar a donde deseas estar.
El lunes te contaré una estrategia de generación de riqueza.
Se la puedes transmitir a tus hijos o usarla tú.
Es la que yo uso para captar suscriptores y clientes potenciales a través de publicidad en redes sociales a un coste ridículo.
Eso es así porque hago 3 cosas opuestas a lo que hacen TODAS las agencias, los publicistas, los gurús y los marketeros patateros.
3 cosas por las que además no paran de criticarme.
Toda la información ahí abajo: