El test definitivo para saber si triunfarás en la vida

«Si crees que el dinero no da la felicidad es que no has dado el suficiente a los demás.»

Existen dos tipos de personnas, los hijos y los padres, los corderos y los pastores, quienes aspiran a cuidar y quienes aspiran a ser cuidados.

Los primeros son incapaces de relajarse si saben que hay algo que podrían hacer para ser más fuertes, los segundos cuentan con que alguien llegará y les salvará.

Por cada uno de los primeros hay veinte de los segundos.

Si dices que el dinero no es para tanto, eres de los segundos. No te parece para tanto pero dependes del de los demás. El del estado, tus padres o la empresa para la que trabajas y a la que indudablemente te refieres como «tu empresa».

Dices que «Habría que…», que «A ver cuándo…» y que «Tendrían que…».

Habría que hacer una revolución…

A ver cuándo arreglan esto…

Tendrían que prohibir/regalar/ayudar…

Siempre delegando tu supervivencia en otros a los que consideras superiores a ti.

Probablemente pienses que unos señores con monóculo se reúnen en secreto una vez al año para decidir tu destino y digas cosas como:

Nos quieren pobres / Quieren que consumas / Te quieren dependiente

Pero pensando así no hace falta que ningún rico dedique su valioso tiempo a conspirar contra ti. Qué necesidad de hacer eso cuando tus deseos se limitan a que te caiga alguna limosna del tipo cuyo nombre introduces en una urna cada cuatro años.

Te has convencido de que tu celda no está tan mal. Ya ni ves los barrotes. Conforme lees esto te estás preguntando de qué celda hablo.

Eres de los segundos si fantaseas con tener más pero no arriesgas nada para conseguirlo, o lo haces y a los tres días o a los tres años te cansas, o si no entiendes para qué o si lo primero que harías sería comprarte un coche hortera.

Y si es así, no pasa nada, está bien, cumples tu rol, un rol muy valioso, porque gracias a gente como tú es imposible no triunfar en esta vida.

Y no te lo digo con sorna ni con ganas de hacerte sentir mal. Es más, ni siquiera te lo digo a ti. Se lo digo al 5% que forman parte del otro grupo, para que entiendan contra quién compiten.

Cada día envío un email de ventas.

Te cambiará la vida.

Pero no me creas a mí, compruébalo tú y ya me dices.

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