El poder de la repetición, pandemia y países nórdicos

Sí bueno, al menos el paisaje es bonito

El otro día dije que había vivido en Dinamarca es un mito y no expliqué más. Por petición popular me extenderé un poco.

Esto no lo digo por decir ni por llamar la atención. Viví allí un año y después he leído bastante al respecto.

Imagino que esto es duro de asimilar si eres de esos que siempre pone a los países nórdicos como ejemplo de paraíso.

Seguramente te hayas creído eso de que allí no hay corrupción, ni pobreza, que los servicios públicos funcionan y que la gente es honesta.

En mi caso siempre he sabido que las personas son personas independientemente de las coordenadas geográficas donde su madre les haya parido, así que no me soprendí cuando describí que todo eso es mentira.

Una mezcla de datos y experiencia:

No sé si alguna vez te ha intentando extorsionar un empleado público. A mí sí, en Copenhague. Es largo de contar y fácil que pienses que son locuras mías, así que solo te diré que cuando, tras dos meses para que me arreglara un asunto amenacé con ir a la policía, su superior intervino y me pagó para que no lo hiciera.

Dinamarca es el país que menos trabaja del mundo, uno de los que menos produce y el que más impuestos paga.

No sé qué pasaría si además no fueran el país con mayor deuda privada per capita.

Dicen que no tienen pobreza, pero yo no he visto otro país con tanta gente rebuscando latas de cerveza en las papeleras para que el supermercado les pague unos céntimos por devolverlas.

También se dice que es uno de los países más felices, pero poco se comenta que es el segundo con mayor consumo de antidepresivos (después de Islandia).

Podría continuar, pero nada de eso importa.

Que un país tenga mierda es normal, lo raro es que tanta gente se haya creído otra cosa.

Lo que importa es saber si ellos también se lo creen.

La respuesta es que sí.

Es decir, los que se compran un chalet en Fengirola, no, obviamente. Pero por lo general se lo creen muy fuerte.

Es el poder de la repetición.

Repite algo suficiente número de veces y la gente lo creerá. Incluso puedes decir una cosa hoy y mañana la contraria, que si la repites suficiente no habrá problema.

Yo qué sé.

Que las mascotas contagian. O que no.

Que el virus sobrevive en superficies. No, que no.

O que la mascarilla en exteriores no sirve de nada. O que ahora sí. O que otra vez no. Ahora sí.

¿Y tú has oído a alguien decir «hay que ver lo gilipollas que era ayer»?

Pues eso.

¿Quieres vender? Dos cosas:

1. Insiste, insiste y luego, insiste un poco más.

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