El marketing se reduce a estos 3 elementos. Todo lo demás, sobra.

Neuromarketing, neuroventas.

Psicomarketing.

Marketing olfativo.

Big data y funnels.

Marketing holístico.

Marketing emocional.

Segmentaciones y personalizaciones.

Negocios éticos.

Marketing responsable.

Las formas de decir que no sabes proveer para tu familia son muchas.

Atiende:

Audiencia, mensaje, oferta.

No hay más.

Lo diré de otra forma, que soy consciente de que he ido muy rápido.

Aaauuudiiieeenciiiaaa, meeensaaajeee, ooofeeertaaa.

Audiencia.

Quién y cuántos. Cuántos y quién. Muchos y buenos.

¿Cuántos? Cuantos más, mejor.

¿Cómo de buenos? Depende de lo que te cuesten. Si te cuestan poco importa menos que si te cuestan mucho.

Pero tienen que ser buenos, eso es imprescindible, y muchos, eso también.

Mensaje.

Lo que dices. Esto es un mensaje.

Si molesta es un mensaje.

Si gusta es un mensaje.

Si pone cachondo es un mensaje.

Si agita, cabrea, enamora, disgusta, repugna o repele, es un mensaje.

Y si vende, además, es bueno.

Oferta.

Qué vendes, a qué precio y con qué condiciones.

Ya.

Ahora, que esas tres piezas encanjen no pasa por accidente.

No pasa por ser bueno.

No pasa por creerse bueno.

Ni por ponerle sentimiento.

Tampoco por dar lo que crees que los demás quieren recibir.

Tampoco pasa por ser inclusivo, transoceánico y vegetativa.

Solo pasa por una cosa, una cosa que a muy poquitos les gusta:

Hacer la cosa que funciona.

Y de lo que funciona habrá cosas que te gusten y cosas que no.

Y cosas que te apetecerán y cosas que no.

Y tus sentimientos no importarán.

¿Lo que crees que es ético? Irrelevante.

¿Lo que crees que es malvado? Irrelevante.

¿Lo que estás seguro que gustará? Irrelevante.

¿Lo que jamás aceptará, le ofenderá o resulta demasiado agresivo? Irrelevante, irrelevante e irrelevante.

¿Te interesa? A tu yo del futuro sí. Apúntate y dale las gracias luego.