El discurso que humedecerá tu entrepierna

Igualdad de resultados no es igualdad de oportunidades.

Si usas un criterio de evaluación diferente para lograr la igualdad de resultados me estás tratando con condescendencia.

Acabas de decirme, implíctiamente, que no crees que sea capaz de hacerlo tan bien como cualquier otro.

Me conviertes en tu cliente. Quedo bajo tu tutela. Necesito tu permiso.

El argumento de que «todos debemos ser iguales y tenéis que abrirnos las puertas y dejarnos entrar aunque nuestros resultados sean peores» es patético. Una renuncia a la dignidad.

Incluso si consigues lo que pides, no serás igual.

No hay nada como ganarse el respeto de tus semejantes. Si te lo conceden por culpabilidad o lástima acaban de reducirte, no de elevarte.

–Glenn Loury. Economista, profesor universitario y escritor.

No, a tu compañero no le dan mejores leads. Ni tu competidor tiene más suerte. Ni enchufe. Ni los clientes son idiotas.

Tienes a tu disposición los mismos recursos y los mismos clientes que los mejores vendedores y empresas del mundo.

Los mismos que gente que, empezando hoy, lo tendrá todo dentro de un año, tres, cinco.

Hacerte o no con esos recursos, utilizarlos o no y exprimirlos o no… es cosa, exclusivamente, tuya.

Tengo un newsletter donde publico una nueva lección de ventas cada día.

Cada día que pasas fuera te pierdes la lección anterior para siempre.

Ahí explico cómo presentar tu producto para aumentar su calidad percibida.

100 % honesto, obvio, pero bien hecho. Como se debería hacer. Como lo hacen los vendedores que no tiene el menor ápice de inseguridad en sus venas.

Válido para empresarios y válido para vendedores. Válido para feos y válido para guapos. Válido para superdotados y para pichacortas.

Cambia tu producto para que venda solo. Pero sin cambiarlo: