El día que entiendes esto todo se hace más fácil

Monta un negocio y te llamarán hijo de papá.

Ten éxito y te llamarán explotador.

Hazlo sin empleados y te llamarán intermediario, para acto seguido decirte que la culpa de los altos precios es de los intermediarios.

Crea tu propio producto y te dirán lo malo que es.

Ten éxito vendiéndolo y te llamarán vendehumos.

Y espera que el hombre biónico no twittee aquello de los dueños de los medios de producción que no entiende ni él, ni ellos, ni elles.

Si no has pillado el último párrafo, mejor para ti, créeme.

Atiende.

Nos mentimos a nosotros mismos para protegernos contra aquello que pone en riesgo nuestra felicidad. –Robert Trivers, The Folly of Fools

Y es que, que otro sea más simpático, más fuerte, tenga más energía, sea más alto, más guapo, más trabajador, más inteligente o más averso al riesgo son ofensas imperdonables.

Y que alguien haga lo que ellos no están dispuestos a hacer y aquello de lo que nunca serán capaces. Imperdonable también.

Es una demostración de su incapacidad. Y eso, eso es algo que no se puede tolerar.

A ver si entiendes de una puta vez lo buenos que son los haters, los censores, los ofendiditos, las víctimas perennes, los sindicalistas y los políticos. Son la prueba de que se puede y la medida del éxito, y una vez lo entiendes, es imposible volver a verlo de otra forma.

En el newsletter enseño cómo crear un mensaje que provoque emociones.

Tristeza o alegría, risa o llanto, asco o placer sexual. La que se te ocurra.

Exictación también. Nervisosismo del tipo «me cago en la puta vamos a prender fuego al mundo.»

Te daré las pautas que debes seguir y te mostraré cómo los aplico sobre un ejemplo real para transformar cada frase, cada palabra, en algo que pone la piel de gallina.

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