El día que cometí una estafa

Analicé el considerado mejor anuncio de la historia y lo reconozco, soy un estafador.

Porque a mí no me lo parece. Y a juzgar por los resultados que obtuvo, no soy el único.

Me parece una gran idea, ojo. Tan buena que por sí misma es capaz de vender mucho, pero mal ejecutada. Tan mal ejecutada que con cuatro cambios puedes convertir ese anuncio en el mejor del universo.

Y resulta que he encontrado alguien que pensó lo mismo. Y, efectivamente, creó el mejor anuncio del universo.

Y es un anuncio del que nadie te ha hablado nunca, y la explicación de por qué nadie habla de ese anuncio es bien fácil…

La gente es vaga.

Y la gente solo quiere lo último, y lo llamativo, y lo vistoso, y lo reciente.

Y con esa mentalidad acaban leyendo los últimos libros, viendo películas de super héroes y montando equipos de ventas con decenas de personas que, con todos mis respetos y soberbia, todos juntos venden en todo el año menos de lo que vendo cualquier mes.

Y el motivo es que estudio el pasado. Y lo copio. Y no digo esas mierdas de «está anticuado» o «hoy en día esto no funciaría.» Y difícilmente me verás leyendo un libro con menos de 50 años o usando la última tecnología de moda.

Porque innovar está muy bien, y es muy gratificador y te permite sacarte la chorra en el próximo evento. Pero ir a lo seguro es más rentable.

Y ese es el juego al que yo juego. A encontrar joyas que venden, técnicas, anuncios, mensajes… y a copiarlos.

Y luego la gente que piensa que soy muy original y muy creativo, pero solo piensan eso porque son incapaces de sacar la cabeza de su culo y buscar algo que no esté en la lista de éxitos.

En la Mentoría, tengo una lección donde te doy eso para que no tengas que hacer eso.

Una joya fruto de rebuscar en el pasado que solo conocerán quienes estén dentro de la Mentoría:

Apúntate aquí y te digo cómo acceder: