El cociente intelectual medio de los millonarios

¿Dónde te pillo? ¿Cagando?

¿Es cagando?

¿O desayunando, o en la cama juntando fuerzas para levantarte?

Sé que es cagando, pero bueno, no tienes por qué decir nada. Otra pregunta…

¿Qué vas a hacer bien hoy?

No me digas más. Todo lo que puedas.

¿Verdad?

Te pondrás los calcetines del derecho, te abrocharás el cinturón por el mismo agujero que cada día y hasta te lavarás los dientes antes de salir de casa.

Luego a contestar emails con las menos faltas de ortografía posibles, a intentar no cabrear a nadie, ni jugarte el pescuezo demasiado.

Alguna genuflexión, algún anglicismo para encajar en la ofi, sonrisa en la máquina de café, «Tú primero» cuando te cruces con un fulano por el pasillo y «Por supuesto, ahora te lo reenvío» al idiota incapaz de usar el buscador de su bandeja de entrada.

Después de tanto tiempo te conozco como si te hubiera parido.

¿Y sabes cuánto de todo eso que harás hoy te ayudará a mejorar? ¿A acercarte a tus sueños? ¿A tocar la libertad (o, al menos, a verla de lejos)?

Posiblemente –muy posiblemente– nada.

Te cuento algunas historias que he vivido con millonarios:

  • Uno, a mitad de comida, se quitó la dentadura.
  • Otro, a la hora de pagar, se sacó unas monedas de los calzoncillos.
  • Otro me llevó a comer a la arrocería más cutre que encontró. Gastroentiritis al día siguiente.
  • Otro me pidió que no le hiciera la web con WordPress, que se la hicera con Macintosh.
  • A las 13:00 uno me dijo que hablámos luego, que se iba a comer, que ya me llamaría cuando volviera, a partir de las 18:00.

Los he conocido tontos, vagos, analfabetos, tacaños y egoístas.

La gente que lo consigue no es porque haga muchas cosas, ni porque las haga bien. La gente que lo consigue normalmente no cuenta con más de un puñado de aciertos en su vida.

Así funcionan las cosas.

Esto no va de ser el mejor, sino de ganar unas pocas veces.  Las veces adecuadas. Las veces grandes.

Te lo digo de otra forma:

«Si crees que algo está jodiendo tu vida tienes razón, eres tú.»

Eso es de Nietzsche, un tipo mucho más listo que yo y también más pobre. Por algo será.

En el newsletter te cuento cosas que deberían haberte dicho de niño.

Pero no lo hicieron. Si te descuidas tus padres son hasta funcionarios. Así, mal. Pero mal, mal.

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