«Déjame en paz, pesado.»

Eso lo escribió un cliente potencial de entradium al que espameábamos sin compasión día sí y día también.

Ya me entiendes, en el sentido de la palabra «espamear» que usa la gente con piel de porcelana, ojos de vidrio y cerebros de azúcar, es decir, recibir algo que tú has solicitado recibir y de lo que puedes darte de baja cuando quieras.

Pero vamos, que aunque no fuera así, daría igual y seguiría estando bien, eso no es lo importante. Lo importante es que meses después de aquello una vendedora quería una reunión con ese mismo cliente, así que le llamó y enseguida le atendió y se la concedió.

En la reunión le preguntó que si nos conocía. El tipo dijo que obviamente. Que estamos por todos sitios, que somos una empresa importante y que todo el mundo nos conoce. Que ya ni siquiera recuerda donde nos vio por primera vez pero que está cansado de vernos por todos los sitios.

He ahí la lección de hoy.

Insiste.

Insiste hasta que sientas que estás siendo pesado.

Y más importante, insiste hasta que el cliente sienta que estás siendo pesado, lo que ocurre mucho más tarde. Hasta que se harte.

Es lo bueno de la insistencia, simpre deja poso, y con el tiempo casi nadie recuerda de dónde viene.

Ahora.

Ahora…

Cuando consigas la reunión no la líes. Y cierra como un campeón. Como un puto cabrón.

En el newsletter te cuento los tres mayores y más frecuentes errores que se cometen al cerrar.

Errores que te hacen perder la venta y la autoridad.

En el newsletter te cuento algo que te cambiará la vida.

Te cuento cómo hacer tensiones de compra para vender cantidades insultantes a la vez que construyes autoridad.

Cuando lo pongas en práctica todos te dirán que es horrible y que con ellos eso no funcionará.

Acto seguido se olvidarán de toda esa sarta de mentiras y sacarán la tarjeta para darte su sucio dinero.